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Introducción

Para el año 2040, se espera que los adultos de 60 años y mayores constituyan más del 39 % de la población de los países industrializados, como Japón, Italia y Alemania. Se proyecta que la carga social y económica de la enfermedad cardiovascular (ECV), que prevalece especialmente entre los adultos mayores debido a los cambios relacionados con la edad en el sistema cardiovascular y otros órganos sistémicos, también aumentará considerablemente. Si bien la edad avanzada es un factor de riesgo no modificable importante de ECV, no se debe asumir automáticamente que es un factor de riesgo no modificable de desenlaces negativos. Por el contrario, se deben entender mejor los factores biológicos, psicológicos y sociales que producen desenlaces negativos en los adultos mayores, y es necesario desarrollar sistemas de atención que aborden estos temas.

Para el año 2050, las Naciones Unidas prevé que el número de adultos mayores de 65 años se duplicará y llegará a mil millones.1 La enfermedad cardiovascular (ECV), que incluye ateroesclerosis, hipertensión y afecciones secundarias, como enfermedad coronaria (EC) e insuficiencia cardíaca, prevalece especialmente entre los adultos mayores, debido en gran parte al remodelado cardiovascular (CV) y los cambios funcionales que se producen con la edad avanzada.2 Los cambios simultáneos relacionados con la edad en otros órganos pueden deteriorar aún más la función CV. Por ejemplo, la función renal disminuye debido a la pérdida de nefronas, el enlentecimiento de la filtración glomerular, la reducción del flujo sanguíneo renal, y el deterioro en la respuesta de la renina y en la capacidad de concentrar la orina; el sodio y el volumen son escasos. La escasez de sodio puede debilitar el mecanismo de Starling, del cual los ancianos dependen para mantener el gasto cardíaco y la presión arterial durante la exigencia CV.3 Asimismo, aunque la ECV prevalece más entre hombres jóvenes que entre mujeres jóvenes,4 el riesgo de ECV aumenta de manera pronunciada en las mujeres a los 55 años, en parte debido a la disminución en la producción de estrógeno que se produce con la menopausia.5

Si bien la edad avanzada es un factor de riesgo no modificable importante de ECV, no se debe asumir automáticamente que es un factor de riesgo no modificable de desenlaces negativos. Por el contrario, se deben entender mejor los factores biológicos, psicológicos y sociales que producen desenlaces negativos en los adultos mayores, y es necesario desarrollar sistemas de atención que aborden estos temas.6 Por ejemplo, los cambios relacionados con la edad en la vasculatura ponen a los pacientes ancianos en riesgo de hipertensión sistólica aislada.7 Por consiguiente, la disminución nocturna natural de la presión arterial (PA) puede poner en riesgo de hipotensión diastólica a los pacientes ancianos que reciben una terapia antihipertensiva de acción corta por la noche.7 Afortunadamente, los bloqueadores de los canales de calcio (BCC) del tipo dihidropiridina de acción prolongada, que tienen un efecto antihipertensivo gradual sostenido, demostraron ser eficaces en el tratamiento de la hipertensión sistólica aislada y actualmente se proponen como uno de los tratamientos antihipertensivos de preferencia en esta población de pacientes, junto con los diuréticos.8

Esta información básica describe la relación entre la edad y el desarrollo de la ECV: cómo afectan los cambios fisiológicos, que se producen con la edad avanzada, a varias afecciones comprendidas dentro del término extenso “ECV”. Esta se centrará principalmente en la ECV ateroesclerótica y en la hipertensión, que son aspectos potencialmente modificables del factor de riesgo “no modificable” de ECV de la edad avanzada.9