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Conclusiones

La arteriopatía periférica, la estenosis ateroesclerótica de las arterias periféricas, es una afección infradiagnosticada e indebidamente tratada que se asocia a un alto riesgo de morbilidad y mortalidad.21 Las consecuencias de la AP pueden ser relativamente benignas en algunos pacientes, sin síntomas evidentes o sólo con claudicación intermitente leve; en otros pacientes, los síntomas pueden progresar al dolor isquémico en reposo y, finalmente, a la pérdida de la extremidad.10 Si se demora el diagnóstico de la AP y se permite que la enfermedad progrese sin controlarla, los efectos dañinos y el aumento de riesgos asociados a la afección pueden consolidarse y volverse más difíciles de tratar.21

La fisiopatología que provoca la estenosis de las arterias periféricas es la misma ateroesclerosis sistémica que interviene en la obstrucción arterial coronaria.10 No es sorprendente, entonces, que la AP se presente con mayor frecuencia en personas con factores de riesgo cardiovascular clásicos, como la edad avanzada, el consumo de tabaco, la diabetes, la hiperlipidemia y la hipertensión.11

Es importante reconocer e iniciar el tratamiento rápido de los factores de riesgo modificables con el fin de enlentecer la progresión de la AP (con sus reducciones asociadas en términos de capacidad funcional y calidad de vida) y reducir el riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular, especialmente como consecuencia de IM y accidentes cerebrovasculares.11 Un programa de tratamiento integral incluye modificaciones en el estilo de vida y terapia farmacológica para todos los pacientes, además de revascularización para los pacientes con claudicación limitante o CLI.19