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Conclusión

El accidente cerebrovascular continúa siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, y tiene una alta incidencia y prevalencia en los Estados Unidos. Con la población de ancianos en expansión, se prevé que la carga de esta enfermedad aumente durante las próximas décadas. Existe una relación claramente definida entre el accidente cerebrovascular y la ECV, y se identifica a la ateroesclerosis como la fisiopatología subyacente de ambos. La naturaleza susceptible al tiempo del tratamiento del accidente cerebrovascular exige el reconocimiento astuto de sus signos y síntomas de alerta, y la intervención de tratamiento inmediata en el término de un límite de tiempo restringido puede disminuir el nivel de discapacidad y el riesgo de muerte. El accidente cerebrovascular se asocia a varios factores de riesgo modificables, y diversas pautas basadas en evidencia en los últimos años se han centrado en las estrategias de prevención primaria y secundaria. El control atento y personalizado de la hipertensión, la FA y la dislipidemia, entre otras causas de ECV, está asociado a beneficios clínicos debidamente documentados y es de fundamental importancia para la prevención del accidente cerebrovascular.