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Introducción

La insuficiencia cardíaca crónica (ICC) es un síndrome clínico complejo que se produce cuando, por motivos estructurales o funcionales, el corazón no puede proporcionar un suministro adecuado de oxígeno a los tejidos. La disfunción cardíaca, especialmente la función reducida del ventrículo izquierdo (según lo representado por la fracción de eyección del ventrículo izquierdo [FEVI]), provoca los clásicos síntomas de ICC, como menor tolerancia al ejercicio y retención de líquido. La ICC afecta hasta al 2 % de la población adulta de los países desarrollados a nivel mundial, y ≥10 % de los adultos de 70 años o mayores. Los factores de riesgo importantes para el desarrollo de la ICC incluyen enfermedades cardiovasculares frecuentes, como hipertensión y enfermedad ateroesclerótica, así como diabetes y obesidad, todas las cuales tienen una alta prevalencia a nivel mundial. A medida que las poblaciones mundiales envejezcan y se urbanicen, estas enfermedades crónicas de la urbanización afectarán a millones de personas y representarán desafíos de atención médica importantes, tanto en el tratamiento como en la prevención.

Los pacientes que presentan ICC son hospitalizados con más frecuencia y tienen más probabilidades de morir prematuramente y de informar una mala calidad de vida debido a los síntomas que otros pacientes similares sin ICC. Una mayor comprensión clínica de los defectos neurohormonales, que subyacen en la ICC, ha proporcionado más fundamentos para el uso de varios agentes dirigidos a diferentes aspectos del sistema renina-angiotensina-aldosterona. La evidencia contundente de múltiples ensayos clínicos en ICC con síntomas entre leves y graves mostró que el manejo médico de la ICC guiado por las pautas, con una combinación de inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) (o bloqueadores del receptor de angiotensina [BRA] si los IECA no son tolerados), betabloqueantes y antagonistas del receptor de mineralocorticoides, reduce la morbilidad y la mortalidad relacionadas con la ICC. A pesar de la evidencia, muchísimos pacientes en todo el mundo no reciben una o más de las terapias recomendadas, lo que produce hospitalizaciones innecesarias y mortalidad.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la única causa principal de muerte en personas de todas las edades y sexos a nivel mundial. Aproximadamente un tercio de las muertes anuales se deben a la ECV, una categoría que incluye enfermedades causadas por ateroesclerosis, así como cardiopatías congénitas y reumáticas, miocardiopatías y arritmias cardíacas. Las afecciones cardiovasculares relacionadas con la ateroesclerosis son con diferencia las más prevalentes, además de prevenibles o modificables, y son responsables de la mayoría de las muertes relacionadas con la ECV.1

Aunque el aporte relativo de los componentes individuales de la ECV varía a nivel mundial, la ECV tiene una gran prevalencia en todas las regiones. A medida que las poblaciones mundiales envejecen y se urbanizan, las enfermedades crónicas de la urbanización, como hipertensión, obesidad, diabetes y ECV, afectan a millones de personas en todo el mundo. Se estima que el 40 % de las personas de 25 años o mayores en todo el mundo son hipertensas, el 39 % tienen niveles de colesterol elevados, y el 10 % de los hombres y el 14 % de las mujeres son obesos.2

La insuficiencia cardíaca crónica (ICC) es un síndrome clínico complejo que se produce por un deterioro estructural o funcional del llenado ventricular o la eyección de sangre del corazón, que produce una incapacidad para proporcionar el oxígeno adecuado a los tejidos. Esta enfermedad afecta a aproximadamente entre el 1 % y el 2 % de la población adulta de los países desarrollados a nivel mundial, y ≥10 % de los adultos de 70 años o mayores.3,4 Los factores de riesgo importantes para el desarrollo de ICC incluyen ECV frecuentes, como hipertensión y enfermedad ateroesclerótica, así como diabetes y obesidad.3,4,5 Dado que no hay una única prueba de diagnóstico disponible, el diagnóstico de la ICC se hace generalmente en función de la presencia de signos y síntomas clínicos. Los síntomas clásicos son una menor tolerancia al ejercicio, debido a disnea o fatiga, y retención de líquido que puede provocar congestión pulmonar o esplácnica y edema periférico.3 Ambos síntomas (intolerancia al ejercicio y retención de líquido) o solo uno o el otro pueden estar presentes, lo que complica el diagnóstico.3

La ICC representa un desafío de atención médica importante en los países desarrollados y en vías de desarrollo. La ICC se relaciona con aumento de la mortalidad, morbilidad excesiva, mala calidad de vida (CDV) y disminución de la productividad, así como con costos altos de hospitalización que impactan en las personas y las sociedades en general.3 Se estima que los costos relacionados con la ICC son USD 32 mil millones anuales en Estados Unidos y USD 108 mil millones en todo el mundo.3,6,7 La necesidad de hospitalización impulsa muchos de los costos relacionados con la ICC. Es el diagnóstico principal en más de 1 millón de hospitalizaciones anuales en Estados Unidos y Europa y podría ser responsable del 5 % de todas las hospitalizaciones médicas generales de adultos. En el Reino Unido y otros países desarrollados, las hospitalizaciones para pacientes con ICC son, en promedio, 3 veces más largas que las de otros pacientes.3,8,9,10

Al igual que en el manejo de otras ECV y de la diabetes tipo 2, el manejo global, cada vez más reconocido, de los factores de riesgo CV, como presión arterial (PA), lípidos, glucosa y peso, es un paso fundamental en la reducción del riesgo de ICC de los pacientes y en la mejora de los resultados para aquellos que ya están afectados.3